De la necesidad de escribir

Inicié este blog hace un poco menos de un año, y con el presente texto completo 99 escritos, cortos y largos, poéticos y narrativos, críticos e intuitivos, todos intentando mostrar quien soy. Pronto saldrá la entrada número 100, y creo que esto me permite pararme a reflexionar un poco sobre lo que ha sido este proyecto.

Para mí el arte se trata de hacerse vulnerable, para así lograr tocar las fibras más íntimas y fundamentales de los demás. Creo que si el autor de una obra no es honesto y auténtico con su trabajo, el lector no llegará a sentir esa empatía que las mejores piezas despiertan en todos. Es por eso que desde que inicié este blog siempre he querido mantener un nivel alto de honestidad con mi trabajo, porque aunque es asustador, solo aceptándonos podemos morir y renacer. Y la escritura, en mi caso, es el vehículo que me permite hacerlo.

Mi búsqueda por acceder de manera transparente a mí mismo por medio de mis escritos ha llegado al punto de que, buena parte de estas 99 entradas que hay disponibles a día de hoy en el blog son textos de carácter intuitivo, es decir, que escribí casi sin pensar, dejando que las teclas fluyeran a su antojo, desde la irracionalidad del subconsciente. Se ha convertido en una tarea indispensable para que yo pueda existir. Escribir de lo que sea, así no sea de mí – aunque al final todo texto es de su autor – es una necesidad casi, un verbo que me tranquiliza, que me refresca, que me hace sentir despierto. Escribir se ha convertido en un canal hermoso para liberarme, para serenarme, para poder dormir mejor.

Es un poco escalofriante, no lo niego, ese sentimiento de que no puedo ser un hombre sin ser también un escritor, ese peso de saberme vivo solo si escribo. Es como tener un medicamento, un tanque de oxígeno como sombra, una bolsa de químicos cada fin de semana. Pero así es. Quizás algún día no lo necesitaré, y podré andar sin artefactos de hospital cubriéndome el cuerpo, sin cables y jeringas enredándose en mis antebrazos, sin frasquitos oscuros llenando el mesón del baño. Pero hasta entonces debo seguir escribiendo, pues tengo la seguridad de que es el único camino que me llevará a la independencia de la escritura. Irónico, ¿no?

En fin, comencé a escribir esto con el fin de hablar de la entrada número cien del blog, una a la que le tengo mucho aprecio: se trata de un texto que comencé a escribir hace varios días, un híbrido entre poema y ejercicio de escritura intuitiva, al que, a diferencia de muchos otros trabajos míos, le he dedicado mucho tiempo, y varias revisiones y ediciones. A mí, por lo menos, me gusta. Y con eso me basta. Aprovecho para agradecer a todos los que me han acompañado en este proyecto hasta el día de hoy. La entrada número cien saldrá cuando esté lista.

Ojalá sea pronto, quizás sea mañana, pero saldrá cuando esté lista.

S.C.B.

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