Ayer soñé con una ballena blanca

Ayer soñé con una ballena blanca. Nadaba entre las nubes de un cielo muy grande. Tenía unos ojos negros, negrísimos, y me aterraba como nada que hubiera amado antes. Era una ballena blanca muy grande, que movía sus aletas como dos ganchudas narices cetáceas, carcomidas en las esquinas por crustáceos parásitos del color de la noche cuando no está tan negra.

Era una ballena negra. Digo, blanca. En Moby Dick creo recordar que Ismael dice que lo que da miedo del blanco de la ballena es que representa la nada, algo carente de representación, una blancura tan llana como no es posible imaginar. No acabé de leer Moby Dick nunca, pero recuerdo eso. Blanco. ¿Qué no es blanco? las paredes de los cuartos, los baños, las luces de oficina, las líneas en el asfalto, la leche, las estrellas, los ojos. Aunque bueno, los ojos se parecen más a nosotros: son un blanco muy grande, con algún color, y en el centro un círculo negro, más pequeño que los otros dos, pero que se crece cuando no hay luz o cuando hay algo que nos gusta. Y por él es que vemos.

Ayer me soñé con una ballena blanca muy grande, a la que los crustáceos le devoraban las aletas y los ojos eran tan negros que olían a gasolina. Muy entrada la madrugada comprendí que estaba muerta.

1 comentario en “Ayer soñé con una ballena blanca

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