Escribo este verso,
tecleando a un ritmo
casi ininterrumpible,
constante, que martilla
las letras una tras otra;
y entonces mi mano se
encoge,
un barrote tras otro,
recorre mi dedo,
como tocando un arpa de metal azul,
mientras que del chocolate y el hojaldre saltan
las chispas de colores y de azúcar,
como payasos suicidas,
escapando de mi mano de niño.
Y los ojos de mi abuela me miran,
con aquella maternidad infinita,
Lucyda,
y canturrea una canción de otro tiempo,
con sus notas de amor y melancolía,
como un arpa de cuerdas de mujer,
como una casa, con barrotes de metal azul.

Bonito y un poco surrealista. Me gustó
Me gustaLe gusta a 1 persona