Poesía (o el arte de rajarse las tripas)

Hace poco me topé con una youtuber estadounidense llamada Savannah Brown, y como pasa con cualquier persona que se topa con alguien interesante en Youtube, me quedé enganchado viendo sus videos, uno tras otro, y a punta de ver su canal de principio a fin me enteré que Brown es además de youtuber una poeta.

Muchos no sabrán esto, pero Youtube funciona con un algoritmo que básicamente te muestra lo que cree que va acorde a tus gustos. De esa forma te mantiene “enganchado/a” a la plataforma. Por eso, lentamente comenzaron a pasar videos distintos por mi computadora, y ya no veía a Savannah Brown hablando de cómo autopublicar un libro, sino a la poeta india Rupi Kaur en un Talk-Show estadounidense hablando sobre su libro, y no pasó mucho rato para que me topara con un video de la youtuber Itsdivya hablando de lo mala que era la poesía que actualmente está surgiendo y ganando muchísima tracción, sobretodo en Norteamérica, desde Savannah Brown y Rupi Kaur hasta la autora Amanda Lovelace, nombrada poeta del año en Goodreads.

Y es que parece que desde hace unos años ha crecido el número de autores -y en especial autoras- de poesía norteamericana, que al parecer están dando pelea a la idea de que la tecnología y la inmediatez del mundo moderno van a acabar con los libros y la poesía. Sin embargo, muchas personas han sido críticas de estas nuevas maneras de tratar a la poesía, y autoras como Rupi Kaur o Amanda Lovelace en particular, son más que frecuentemente llamadas “Instapoets”, o poetas de Instagram, con lo que sus críticos las tildan de ser poetas que escriben frases en exceso romanticonas o simples pero que parecen profundas o tremendamente inteligentes. Estas frases suelen ser cortas, y muchas veces parecerían ser escritas en busca de un texto estéticamente bello, en vez de un poema con un contenido rescatable.

Otra gran crítica que suelen recibir estas autoras es que parecen dar la espalda a la poesía clásica, con poemas sin profundidad, con un uso de metáforas muy básico o casi nulo y con frases que parecen ser sacadas de sitios web motivacionales o de desamores sin una verdadera maestría en su transcripción artística.

Sobra decir que han vendido millones de copias y han abierto a la poesía un mercado grandísimo entre los jóvenes de hoy en día. Sin embargo, el debate es válido: ¿es esto la evolución de la poesía?, ¿o es acaso una involución artística de la misma?.

Muchas personas cercanas a mí me han pedido una opinión frente a sus poemas, y a la gran mayoría les respondo que más que parecerme un poema bueno o malo, me parece un poema auténtico. Y no miento.

Para mí la poesía es el arte de rajarse las tripas con elegancia. Es regurgitar en el papel las emociones que cada uno siente e intentar plasmar, con una estética que busque símiles con los que los demás puedan entenderla; por eso son tan importantes las metáforas en la poesía. Ahora bien, siempre me ha parecido que calificar a la poesía entre buena y mala es difícil, por lo que inventé un plano cartesiano en el que mido las dos cosas que más busco en un poema: autenticidad y técnicas.

Plano Cartesiano diseñado en 2 minutos. Simón Cortés Bernal. Técnica: micropunta sobe papel.

Para mí un poema tiene que ser auténtico y utilizar algunas técnicas bien implementadas para ser considerado realmente bueno. Ahora bien, ¿Qué significa escribir un poema auténtico?, ¿no son todos los poemas auténticos? Esta es una de las preguntas más pesadas que tiene que responder la poesía, pero yo intentaré hacer lo posible por responder, al menos desde mi humilde pluma, lo que creo.

Un poema auténtico es un poema real. Un poema de esos que o se escriben con el frenesí de la inspiración o con la meticulosidad de un cirujano. No hay puntos medios. Es un poema que se escribe desde el más dulce de los sueños, o desde la desazón más amarga -amarguísima- que solo la vida puede preparar. Es un poema de esos que ponen a prueba la capacidad de la mente de ir muy por delante de los dedos, del trazo, del tecleo. Es un poema que reabre las heridas ya cicatrizadas de quién lo escribe -o lo lee-, que parece un anagnorisis, una revelación, un desahogo o un ahogamiento catártico de lo que siente un vivo, un réquiem a todo lo que existe, o a nada, o a uno mismo, una súplica a la vez que gospel, la emulación de un llanto -imposible saber si el del recién nacido o el de el que acaba de fallecer-, la imagen fugaz de ese mísero espacio que separa la cuna del ataúd, y los silencios que nadie alcanza a guardar jamás. Un poema auténtico es un poema real. Un poema de esos que uno lee a alguien más, pero no pregunta si le gustó.

De vuelta al tema. Creo que si seguimos el plano cartesiano anterior parecería que la poesía de algunos/as Instapoetas es mala, porque busca no ser auténtica sino “relatable”, o en español algo así como “identificable”. Creo que puedo estar de acuerdo con que muchos de estos poemas que parecen estar ganando fuerza, no utilizan ni las técnicas ni la autenticidad para atraer a un público, sino que apuntan con la simpleza a ser poemas con los que los demás -en particular los jóvenes- se sientan identificados.

En teoría, eso haría de estos poemas malos, pero creo que hay una variable que nos falta considerar: estamos a puertas del 2020, y eso no significa que porque ahora todo es más tecnológico las cosas tienen que cambiar. Todo lo contrario, las cosas tienen que cambiar porque envejecen, hoy, hace cincuenta años y siempre.

No podemos esperar que la poesía se mantenga tal y como era antes, porque al final la poesía no es de nadie, y nadie tiene el derecho a elegir cómo tiene que ser escrita. Además, porque volviendo a mi premisa inicial, la poesía es rebanarse las tripas y ver qué somos y por qué, y aunque el formato cambie cientos de veces ese seguirá siendo su inacabable propósito. Claro, sigo creyendo que entre más auténtica y técnica sea la poesía, mejor, y creo que pocas cosas se comparan con un buen poema, lleno de metáforas y de sentimientos que todos hemos experimentado pero que no habíamos sido capaces de poner en palabras. Sin embargo, también creo que un poema menos técnico y más adaptado al formato de las redes sociales que reinan hoy en día es igual de válido.

Entonces, ¿son estas autoras realmente para tanto?. Mi respuesta es que sí, que todo artista que haga un esfuerzo por mostrarse al mundo, y así mismo ayudar al mundo a encontrarse, merece reconocimiento. Sin embargo, también creo que el debate va más allá del nombre de dos o tres autoras, porque a futuro, cuando este formato -si es que sucede- alcance su cúspide, volviéndose la nueva manera de leer y escribir poesía elegida por cientos de miles, hay un pilar con el que no se puede jugar, y que creo que se ha comenzado a tambalear y es lo que realmente enfurece a los críticos: la poesía puede cambiar de formato, de longitud, de audiencia e incluso de plataforma, pero jamás debe poner en riesgo su papel de autoconocimiento y de reflexión, porque el día en que eso ocurra, ya no será más.

4 comentarios en “Poesía (o el arte de rajarse las tripas)

  1. Comparto los conceptos, recordando dos cositas: que la poesía es una forma particular de lenguaje y que como tal cambia, se adapta, se modifica, sin alterar su esencia; y que, como sentenciara Bécquer en su rima IV, “siempre habrá poesía”.

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    1. Es cierto. Siempre habrá poesía. Muy bello comentario, muchas gracias.

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  2. Es la metamorfosis de la poesía. Coincido en que no podemos encasillarla en “buena” o “mala” porque eso respecta a subjetividades. Como apática millenial he de confesar que personalmente nunca me han gustado los instapoemas, porque a mi parecer se asemejan solo a frases inspiradoras, que como mencionas, se adecuan a un buen o mal . Es como si me dijeran lo que quiero escuchar. Y jamás me ha gustado que me digan lo que quiero escuchar. Sin embargo, con eso no quiero decir que sea una mala poesía.
    Tampoco puedo decir que aquel poema con más técnica y lleno de metáforas escrito por la poetisa o el poeta más consagrado del mundo vaya a ser de mi agrado solo porque se rige bajo las normas de lo que “debe” ser un poema.
    De repente uno/una se encuentra hambrienta de una poesía que llene los vacíos interiores que otras cuestiones no pueden llenar. Y cuando al fin la encuentro me nutro de esa esencia. Que, quiero pensar, también fue la esencia del autor o autora en el momento en el que fue escrita.
    Me considero una neófita en el arte de escribir poemas, pero mi cursilería interiorizada cree que la poesía es una de las creaciones más nobles que se puedan hacer y que toda poesía es bella si se realiza desde las entrañas más sensibles del alma ♡
    Fue grato leerte. Un abrazo.

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    1. Gracias por tu comentario! Estoy totalmente de acuerdo. Estoy de acuerdo, y también quiero creer eso, que independientemente de qué tanta y qué tipo de poesía haya rondando por ahí, al fin y al cabo cada lector se quedará con la que le llegue al alma. Te mando un abrazo grande. 🙂

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