Memorias de un atardecer | Parte V

El sol está cada vez más abajo, y el cielo se comienza a congestionar de un profundo púrpura.

Cor no escucha la voz de su interlocutora. La ve hablar y solo piensa en lo que fue su desamor. Llegan a su memoria los cuatro meses que estuvo de luto por su corazón, sus llantos, su falta de ánimo. Ve sus labios. La ve a ella. No entiende nada de lo que está pasando, desde dónde está hasta quiénes son esas sombras, pero tiene la tranquilidad del que aún viviendo una pesadilla sabe que está durmiendo.

La mujer toma su mano y lo conduce hasta unas estrechas escaleras que bajaan hasta una puerta. Cqminan en silencio, y al llegar al último escalón, la sombra habla:
– Recuerda lo que te he dicho Cor. Fuiste atropellado, pero ya no tienes que temer. No tienes nada que temer.

Entonces la puerta se abre y él se descubre adentro, encerrado en un sótano en el que antes de quedar cubierto de oscuridad nota la silueta de un niño.

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